PROSTATITIS CRÓNICAS. CAUSAS Y SÍNTOMAS.


Existen básicamente tres tipos de prostatitis, la no bacteriana, la bacteriana y la bacteriana crónica.

La prostatitis bacteriana es curable, normalmente el médico puede recetar antibiótico para tratar la infección producida. Normalmente, la no bacteriana también es curable. Pero cuando la bacteriana no se cura con antibiótico aparece la protatitis crónica. Este tipo de inflamación de próstata no suele ser curable, y a veces , quien la sufra, estará mejor unas veces y otras veces peor.

Pero existe un remedio para aliviar este tipo de agrandamiento de próstata realizando una operación quirúrgica. Normalmente no se suele hacer en hombres jóvenes debido a que puede causar eyaculación retrógrada, lo cual puede llevar a esterilidad, impotencia e incontinencia.

El procedimiento tarda aproximadamente una hora y a usted se le aplicará anestesia general (dormido y sin dolor) o anestesia raquídea (despierto, sedado y sin dolor).

El cirujano introducirá un instrumento similar a un tubo llamado cistoscopio (o endoscopio) a través de la uretra (el conducto que lleva la orina desde la vejiga fuera del pene). El cirujano introduce luego una herramienta especial para cortar a través del cistoscopio. Esta herramienta extirpará parte de la glándula prostática pedazo por pedazo con una corriente eléctrica. El procedimiento se denomina resección transuretral de la próstata.
La RTUP es uno de los procedimientos más comunes para este problema, pero también hay disponibilidad de otros procedimientos menos invasivos. El médico tendrá en cuenta el tamaño de la próstata, su salud y el tipo de cirugía que usted puede necesitar.

Entres las causas más comunes de prostatitis crónica encontramos:
Daños o irritación nerviosa de las zonas de la pelvis baja. Bien de origen muscular (entre ellos el Psoas) o bien de origen raquídeo (hernias, protusiones o bloqueo de las carillas articulares).
Debilidad muscular del suelo pélvico.
Deportes como el ciclismo que ejercen una presión constante en la zona.
Infecciones resistentes a los antibióticos o parásitos.
Problemas urinarios de reflujo.
Irritación química bien por una mala irrigación sanguínea, drogas, medicamentos o alimentación deficiente.
Ciertas prácticas sexuales.

Los síntomas más comunes son:
Dolor al orinar o sensación de no haber terminado de orinar.
Orina con sangre.
Dolor en área genital y zona lumbar que en ocasiones puede confundirse con problemas en los riñones.
Dolores al eyacular.
O incluso dolor el defecar.

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